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OBRAS

CASA ABU & FONT · 13/03/2014

Para comentar esta casa hemos querido recoger un extracto del editorial que Arturo Franco ha escrito para el primer número de la revista rita_. Aquí nos presenta una experiencia personal con la arquitectura paraguaya de la que Solano Benítez es el principal referente.

"El día que Solano Benítez entró en mi casa por primera vez no me pude contener: '¡Solano! Eres más alto de lo que pensaba'. Su risa se precipitó sin ningún complejo y nos abrazamos como si nos conociéramos desde el colegio. Llegaba con una mochila de montaña, cargada a la espalda, llena de información. Todos me habían hablado de él. 'Tienes que conocer a Solano', me decían desde Ecuador. 'Tienes que conocer a Solano', me decían desde México, desde Argentina, Galicia o Cataluña. 'Tienes que conocer a Solano'. Antes de conocerlo ya nos conocíamos. Ya habíamos publicado una de sus obras en la revista Arquitectura, casa las Anitas, incluso sin verla. Algo que no suele suceder. Aquella tarde me abrió sus brazos, me regaló sus ideas y me confesó gran parte de sus problemas. Yo soy gallego, poco amigo de mostrar mis emociones. Desde entonces, tengo que reconocer que rompimos todas las barreras.

Ustedes se preguntarán, ¿qué clase de Editorial es este? No parece un comienzo muy ortodoxo tratándose de una publicación académica. Efectivamente no lo es. El rigor científico, como podrán comprobar, aparece unas páginas más adelante.

Permítanme esta licencia y abrir desde aquí algunas ventanas que puedan unir la arquitectura con la realidad, que puedan recordarnos que las obras son para vivirlas, que detrás de las obras hay personas que las piensan, las construyen y las habitan.

Un tiempo después, volaba hacia Asunción con la esperanza de que sus edificios, tan valorados, pudieran soportar una visita. No sería la primera vez que regreso de un viaje con las manos vacías, o menos llenas de lo que esperaba. Malditas revistas, cuánto las necesitamos. Nuestro trabajo como arquitectos nos obliga a desmontar dioses, mientras que nuestro esfuerzo como editores nos empuja a descubrir héroes. Así, entre contradicciones nos movemos.

Tras veintiséis horas de viaje y una escala interminable, llegué a las seis de la mañana.

Ciertamente, no eran las mejores condiciones para reconocer la belleza. Allí me esperaba Joseto, José Cubilla. Un gran arquitecto que tiempo atrás, en otro lugar, me había regalado un pequeño tapir de madera de quebracho --colorado como recuerdo de nuestro encuentro. Una manera de decirle al mundo que Paraguay existe. Un símbolo de su tierra, un trozo de su cultura. Nos saludamos con cariño. No eran horas, tampoco, para aspavientos efusivos y ni él ni yo somos especialmente dramáticos. Subimos a su ranchera y comenzó a sonar la guitarra de Recuerdos de Ypacaraí, un homenaje al maestro Mangoré, mientras amanecía camino a la casa Abu. Abu, la madre de Solano, una Señora. Una señora que regresó de Perú con un camión lleno de muebles y un pedazo de vida. Los muebles que ahora conviven con la arquitectura de su hijo y la mejoran. Y abajo en el sótano, en las tripas de la casa, nos esperaban Solano y Gloria, en su nuevo e improvisado estudio. Una operación de estómago, utilizando puntales de ladrillo y algún que otro ingenio, había convertido aquel oscuro lugar doméstico en una fábrica de ideas por un extraño capricho del destino.

En aquella casa me quedé durante unos días. Me quedé lo suficiente como para descubrir que desde aquella cueva se está gestando el ADN de una nueva identidad nacional. Desde allí y, como es natural, desde el taller de Javier Corvalán, antiguo socio y amigo, o desde las casas de Joseto, inseparable compañero de Solano, o de Lucho, o de sus antiguos alumnos, Lukas o Miki. Una identidad cuyos matices se pueden intuir en el texto 'Un fin del Mundo' que nos presenta Javier Corvalán dentro de este mismo número, o en las obras que se publican a continuación.

Así fluyeron los días entre excursiones y asados. A veces con Solano y con Gloria, muchas veces con Joseto, a veces con Solanito, su hijo. Un arquitecto inteligente que me mostró su obra y el único lugar desde el que Asunción puede ver el río Paraguay, ItaPyta Punta, su válvula de escape, tal vez su futuro.

Rodeamos lagos y escalamos tapias, comimos, con las manos, sopa paraguaya y chipá bajo los techos de las reducciones jesuíticas. Me dijeron que un arquitecto de Barcelona se interesó especialmente, a su paso por el Chaco, en un cinturón de los indios Ayoreo. Lo usan como silla para descansar en cuclillas, rodeando con él sus riñones y sus rodillas. No lo compré, hubiera sido como engañar a un amigo con su propia mujer. Sin embargo, elegí el yacaré de madera más feo que encontré y dos o tres tortugas de palosanto. Para Abu una orquídea.

Siempre regresábamos al sótano, a la madriguera.

Tras muchas conversaciones, mientras sonaba Javier Calamaro, hermano de Andrés, en aquel rincón, a tumba abierta, sin máscaras, con tereré, con whisky, hablamos sobre sus ladrillos, sobre los reflejos del sepulcro de su padre, sobre los nuevos materiales, los enemigos, los amigos y, por supuesto, sobre Rafael Iglesia. Por segunda vez, no me pude contener: '¡Solano! Eres más grande de lo que pensaba'. Su risa se precipitó sin ningún complejo y nos abrazamos como si nos conociéramos desde el colegio."

Esta casa

Los números cuentan que en la América Sur, una familia, es victimizada por violencia e inseguridad a cada segundo. Si pesáramos esta secuencia de dolor, al medir en cercanía, la cantidad de veces que el tiempo en vidas interrumpe su transcurso, obtendríamos los totales que se demandan en su protección.?Construir para proteger, una casa contra todas las intemperies, las del sol y las lluvias y las que arrecian indiferencia, miedo y soledades, una casa como herramienta de resistencia, donde de nuevo anide la vida.

Una Madre y de sus muchos hijos, y su vida en prolongación, otras 7 familias y veintitantos nietos, reunidos en un todos los sábados cualquiera, se presenta como primer programa, y tras el éxodo la nueva espera. La vida se añora persistente, la que se adapta y se transforma es la arquitectura.?Una planta baja libre que sólo guarda fragmentos del servicio, y que sus puertas abren el espacio, hasta que la casa y su inmueble sean uno. En rigor este espacio interior y su exterior coinciden al hacer que las aberturas cumplan con el mandato de su nombre.

Dos vigas Vierendheel de 14 metros sostienen la casa que descarga su peso en cuatro pilares que descansan en los linderos, la separación entre una y otra es de 11 metros y viguetas longitudinales las ponen en contacto y las traspasan en voladizos para equilibrar sus tensiones internas. Todo el conjunto se cierra adicionando una losa cerámica armada, que suplementa tensión en la parte inferior del conjunto.

Los otros dos pisos son el orden de la privacidad--dormitorios y estares íntimos-- se preparan contra los calores paraguayos, un subsuelo nos acerca a la temperatura deseable de bajo tierra, sus grados de mas y de menos en invierno y verano respectivamente, son un buen deseo y una gratificación de alivio, en un sitio donde las temperaturas oscilan entre los 47 y –2 grados centígrados. La planta superior al contrario busca en el aumento de la cantidad de volumen de aire, una contención a tanta inclemencia, su corte de 5 m de alto nos refiere a una espacialidad que no coincide con la común del espacio contemporáneo, pero de conseguir y mantener este aire preservado, trata toda la energía puesta en lo habitable.

Donde no hay mucho, la austeridad es más que necesaria, y la estrategia para conseguirla, es operar sólo desde lo imprescindible, el ladrillo cerámico es el material de construcción de más bajo precio en nuestro país, y es utilizado en el extremo de sus capacidades, como suelo, paredes y cielo, alisadas de cemento dan recubrimiento a todo lo que se pretende en contacto con el agua, los vidrios y metales en conjunto suman estructuras para sostener puertas de gran porte, y los cerramientos de madera contra-chapada, hermetizan o expanden las funciones y sus espacios. Cada tema es abordado desde la misma óptica, solicitándole al material que los define, que haga al tiempo de estructura fundamental para resolverlos sin rellenos, lo demás no debe estar porque no hay dinero que lo pueda comprar, para todo lo demás está…..... ¿Photoshop?

Alberto Marinoni + Gloria Cabral + Solano Benítez

Ubicación aproximada:

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Ficha técnica

Arquitectos:
Benítez, Solano (3)
Cabral, Gloria (2)
Marinoni, Alberto (2)

Colaboradores:
Berenice Gómez, Carlos Agüero, Clara Bazet, Cristina Cabrera, Diego Cazal, Gerardo Esteche, Guillermina Iglesia, Javier Pineda, Jazmin Torrents, José Castelleti, Juan Pablo Carrón, Laura Alviso, Lisandro Villavuena, Lorena Silvero, Luis Ayala, Mara Corvalán, Natalia Ferreira, Nicolás Aransivia, Olivia Villalba, Olivia Zorraquín, Pilar Burró y Silvio Vázquez.

Tipología:
Vivienda (116)

Cliente:
Isidro Cabrera

Situación:
Paraguay (21), Asunción

Superficie construida:
750 m2

Año de finalización:
2006

Fotografía:
PhotoEnricoCano

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