El artículo cartografía la ambivalencia de la iconosfera de la inteligencia artificial generative (IAGen), un ecosistema en el que la imagen deja de testimoniar para sintetizar, y establece un marco operativo para leer, discutir y someter a contraste sus producciones visuales. Para ello, se recurre a una reformulación teórico-conceptual de lo sublime (Burke, Kant) y lo siniestro (Freud) aplicada al paradigma de la IAGen, con el fin de derivar categorías analíticas y criterios de lectura. Como resultado, se definen el sublime algorítmico, asociado al asombro ante la escala de datos, la potencia de cómputo y la combinatoria abierta que desplazan el juicio hacia la infraestructura, y el siniestro sintético, ligado a la inquietud que producen verosimilitudes sin referente, activada por microindicios de fabricación y por una perfección aséptica que vuelve extraña la proximidad. Sobre esa base, se propone un protocolo de análisis en tres capas —tecno material, semiótico-retórica e infraestructural y de circulación— orientado a distinguir la excelencia formal de la fuerza probatoria.